Estaban locos,
loquísimos. Iban a cualquier sitio sin saber por qué, corrían, paraban,
discutían y se abrazaban. Lloraban y reían a la vez. Inventaban su propio
mundo, y hacían lo que les daba la gana. Imaginaban como iban a vivir, soñaban
con estar juntos siempre. Decían quince estupideces por minuto, bailaban y
lloraban.
Estaban
locos, pero sobre todo el uno por el otro.

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