miércoles, 17 de octubre de 2012

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Talbo miraba a su mujer. sus ojos estaban perdiendo brillo , pero aun así conservaba el mismo encanto que cuando la había conocido.Nunca le había dicho ciertas cosas: no le había dicho sobre las mujeres que recibió como premio en las batallas, las mujeres que encontró mientras viajaba por el mundo, las mujeres que estaban esperando que el volviera algún día. No le había contado esto por que estaba seguro de que ella lo sabia todo y le perdonaba por que él era su gran amor, y el gran amor esta por encima de las cosas de este mundo ...

Pero había otras cosas que el no había contado y que posiblemente ella jamas descubriría; que había sido ella, con su cariño y su alegría  la gran responsable de que el volviera a encontrar el sentido de la vida.Que fue el amor de aquella mujer el que lo habia empujado hasta los mas distantes confines de la tierra...
Fue la inmensa confianza en aquella criatura frágil cuya alma se estaba apagando, que lo había obligado a luchar con honor, por que sabia que después de la batalla podía olvidar los horrores de la guerra en su regazo. El único regazo que era realmente suyo, a pesar de todas las mujeres del mundo. El único regazo donde conseguía serrar los ojos y dormir como un niño...

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